Relatos y Notas

Una aventura en la naturaleza, un buen espejo del alma

¿Quién no ha tenido alguna vez la fantasía de verse en una situación límite al mejor estilo cinematográfico, ya sea rechazando o anhelando la idea? Dos reacciones que hablan de lo mismo: la fascinación de que algo puede cambiar nuestras vidas, algo puede sacudirnos al punto de descubrir lo ignorado sobre nosotros mismos.
En una situación límite no hay ningún modelo que respetar, no hay tiempo, no hay juicio externo. Debemos apelar a nuestros recursos reales, sin maquillajes ni máscaras que nos quiten la energía necesaria para un fin más esencial.
Un avión cae en el medio de la jungla y unos pocos sobreviven. No están en su medio. Ignoran las leyes que rigen este mundo salvaje. Luego del caos inicial alguien se erige como el director de operaciones. Los demás se apoyan en él, compiten o colaboran con él. Se conforma un grupo que tiene una meta: sobrevivir. Con el pasar de los días estas personas llegan a conocerse muy íntimamente, también empiezan a descubrir potencialidades ocultas. Afloran sus instintos más básicos y primitivos. Nada queda totalmente reprimido porque la intensidad de las vivencias es como agua para estas semillas guardadas. Todo sale a la luz: lo deseable y lo indeseable. Los puntos de referencia habituales se desvanecen. Aparece una nueva fuerza, mucho más íntegra y verdadera. Los lazos que unen a estas personas se estrechan y profundizan. Son un equipo en acción.
En nuestra mente destellan imágenes de escenas que pueden recrear esto de mil formas diferentes: naufragios, rescates, búsquedas, huidas y otras situaciones de riesgo. Si nos detenemos a pensar que nada es en vano en la vida nos resulta inevitable deducir que todas ellas llevan al hombre a un punto de inflexión y cuestionamiento: un momento de encrucijada. El hombre se ve expuesto a la necesidad de cambiar, de escuchar a otros, de unir esfuerzos. Surge la necesidad de una máxima presencia individual sin perder el marco grupal. Aparece el sentido de solidaridad y reorganización. En una situación de catástrofe la presión hacia el cambio y la creatividad es demasiado fuerte como para imponer resistencia. En la vida cotidiana, no obstante, nos resistimos más.
Si las situaciones límites guardan semejante tesoro, ¿por qué no valernos de la tan valorada ficción para reflexionar sobre los efectos de aquéllas? ¿De qué manera puede recrearse la necesidad de buscar recursos nuevos? ¿Qué escenografía será la mejor para liberar a las personas de sus condicionamientos y facilitar la expresión de su caudal creativo? ¿Cómo reproducir la urgencia de encontrar soluciones o perseguir un objetivo con espíritu de equipo?
No hace falta pensar mucho para decidir que la mejor escenografía la brinda la madre naturaleza. Allí está todo en su estado más puro. De todos los espejos en que podemos mirarnos, la naturaleza virgen es el más limpio de todos. Nos arranca lo que está más recónditamente escondido en nuestro interior y lo pone a nuestra disposición. Así, una travesía de por lo menos un par de días, en grupo, con guías, en un medio donde se escucha a la Tierra latir sin interferencias, se transforma en una experiencia de aprendizaje, de desarrollo personal. Todo esto puede pasar inadvertido para el que transcurre distraído. Acceder al tesoro implica tomar conciencia de quiénes somos en realidad. La montaña ayuda a develar el secreto si aprendemos a estar atentos y respetar sus condiciones. La trama se va revelando a partir de una consigna: alcanzar una cima, cruzar las sierras, trabajar en equipo, etc.
Lejos de nuestro ámbito habitual, nuestras costumbres y comodidades cotidianas, en un viaje de desarrollo personal en la naturaleza pasamos a ser protagonistas de la pequeña historia urdida con el fin de llegar a conocernos mejor.

Magdalena Senestrari

Powered by LATCONSULTING
Buenos Aires - Argentina | (54-11) 4809-3253
versión español english version Home